Artículo de Cristina Aranda Sánchez /MyWorldLab
Durante años, para conocer las características de un tumor era necesario obtener una muestra del tejido mediante una biopsia. Esta continúa siendo una herramienta fundamental para diagnosticar el cáncer, observar la morfología de las células y determinar el tipo de tumor.

Imagen 1. Creada por MyWorldLab.
Sin embargo, los tumores también dejan pequeñas pistas en la sangre. Fragmentos de ADN, células tumorales, ARN, proteínas y vesículas pueden pasar desde el tumor hasta distintos líquidos corporales. El laboratorio puede buscar, aislar y analizar estas señales mediante una técnica conocida como biopsia líquida.
El nombre puede hacernos pensar en un procedimiento sencillo: extraer sangre, introducirla en un equipo y obtener un resultado; pero detrás de esa muestra existe un proceso complejo en el que intervienen la fase preanalítica, la biología molecular, la secuenciación genética, la bioinformática y la interpretación clínica.
La biopsia líquida no es solo una analítica. Es un ejemplo de cómo el laboratorio está transformando la medicina de precisión.
¿Qué es exactamente una biopsia líquida?
La biopsia líquida es una prueba realizada sobre una muestra de sangre u otro líquido corporal para detectar células tumorales o moléculas liberadas por un tumor.
Puede estudiarse en:
- Sangre.
- Orina.
- Líquido cefalorraquídeo.
- Líquido pleural.
- Líquido peritoneal.
- Saliva.
La sangre es la muestra más utilizada porque su obtención es relativamente sencilla y permite repetir el análisis a lo largo del tiempo.
Dentro de ella se pueden investigar diferentes biomarcadores:
- Células tumorales circulantes.
- ADN libre circulante.
- ADN tumoral circulante.
- ARN circulante.
- MicroARN.
- Vesículas extracelulares, como los exosomas.
- Proteínas y metabolitos relacionados con el tumor.
Uno de los elementos que genera mayor interés es el ADN tumoral circulante, conocido por sus siglas en inglés como ctDNA.
ADN libre y ADN tumoral: no son exactamente lo mismo
En la sangre de cualquier persona podemos encontrar pequeños fragmentos de ADN que no están dentro de las células. Es lo que conocemos como ADN libre circulante o cfDNA.
Estos fragmentos pueden liberarse durante procesos normales de muerte y renovación celular. Por tanto, una persona sana también tiene ADN libre en su plasma.
En un paciente con cáncer, una parte de ese ADN puede proceder de las células tumorales. Esa fracción recibe el nombre de ADN tumoral circulante.
La diferencia es importante:
- El cfDNA incluye todo el ADN libre presente en la muestra.
- El ctDNA es la fracción de ese ADN que procede específicamente del tumor.
El gran desafío del laboratorio consiste en encontrar una señal tumoral que, en ocasiones, puede representar una proporción muy pequeña dentro de una cantidad mucho mayor de ADN no tumoral.
Es como intentar localizar unas pocas palabras concretas dentro de miles de páginas mezcladas.
¿Cómo llega el ADN del tumor a la sangre?
Las células tumorales pueden liberar material genético cuando mueren mediante apoptosis (muerte celular programada y controlada) o necrosis (muerte celular causada por un daño y acompañada de inflamación) . También existen mecanismos de liberación activa de ADN y otros componentes celulares.
Una vez en la circulación, estos fragmentos permanecen durante un tiempo limitado antes de ser eliminados. Esto tiene una ventaja: la información obtenida puede reflejar de manera relativamente dinámica lo que está sucediendo en el tumor.
Pero no todos los tumores liberan la misma cantidad de ADN.
La concentración puede depender de:
- El tamaño y la localización del tumor.
- El número de lesiones.
- El grado de vascularización.
- La actividad y velocidad de crecimiento tumoral.
- La presencia de metástasis.
- El tratamiento recibido.
- El momento en el que se obtiene la muestra.
- El tipo de cáncer.
Por esta razón, no detectar ADN tumoral en sangre no significa necesariamente que no exista un tumor.
El proceso comienza antes de analizar la muestra
Uno de los aspectos más importantes de la biopsia líquida es la fase preanalítica.
La sangre contiene células nucleadas, especialmente leucocitos. Si estas células se rompen durante el transporte o el almacenamiento, liberan su propio ADN. Esto aumenta la cantidad de ADN normal presente en el plasma y puede diluir todavía más la señal tumoral que queremos detectar.
Por tanto, es necesario controlar cuidadosamente:
- El tipo de tubo utilizado.
- El volumen de sangre recogido.
- El tiempo transcurrido hasta la centrifugación.
- La temperatura de conservación.
- Las condiciones de transporte.
- La velocidad y duración de la centrifugación.
- La separación correcta del plasma.
- Los ciclos de congelación y descongelación.
- La trazabilidad y la identificación de la muestra.
Pueden utilizarse tubos con EDTA cuando la muestra va a procesarse con rapidez. Cuando el transporte o el procesamiento van a demorarse, existen tubos específicos con estabilizantes que ayudan a conservar las células sanguíneas y el ADN libre.
Después de la extracción se separa el plasma mediante centrifugación. En muchos protocolos se realiza una segunda centrifugación para eliminar restos celulares que podrían contaminar la muestra.
Por lo tanto, una mala gestión en esta fase puede producir un resultado de baja calidad incluso si la tecnología analítica funciona perfectamente.
Del plasma al ADN: una señal muy pequeña
Una vez obtenido el plasma, se procede a extraer el ADN libre circulante.
Esta extracción requiere métodos adaptados a fragmentos de pequeño tamaño y baja concentración. No sirve únicamente con obtener ADN: hay que recuperarlo con suficiente rendimiento, pureza y reproducibilidad.
Posteriormente se evalúa su cantidad y calidad. Dependiendo del procedimiento, pueden utilizarse técnicas fluorimétricas, electroforesis capilar u otros sistemas de control.
En esta etapa resulta fundamental evitar:
- La contaminación entre muestras.
- La pérdida de fragmentos durante la extracción.
- La degradación del ADN.
- La introducción de inhibidores.
- Los errores de identificación.
- La amplificación de señales artificiales.
Cuando se trabaja con cantidades mínimas de material genético, cualquier pequeño error adquiere una gran importancia.
¿Cómo se detectan las alteraciones tumorales?
No existe una única tecnología para analizar el ADN tumoral circulante. La elección depende de la pregunta clínica.
PCR en tiempo real
La PCR permite amplificar regiones concretas del ADN. Puede utilizarse cuando se busca una mutación conocida y bien definida.
Es una técnica rápida y accesible, pero analiza un número limitado de alteraciones. Si no sabemos exactamente qué estamos buscando, puede quedarse corta.
PCR digital
La PCR digital divide la muestra en miles de pequeñas reacciones independientes. Algunas contienen la secuencia genética buscada y otras no.
Esta partición permite detectar y cuantificar variantes presentes en proporciones muy bajas. Es especialmente útil para buscar mutaciones concretas o seguir una alteración ya identificada.
Su principal fortaleza es la sensibilidad. Su limitación es que normalmente necesitamos seleccionar previamente la mutación que queremos detectar.
Secuenciación masiva o NGS
La secuenciación de nueva generación permite estudiar simultáneamente numerosos genes y alteraciones.
Dependiendo del panel utilizado, puede detectar:
- Sustituciones de una base.
- Pequeñas inserciones o deleciones.
- Variaciones en el número de copias.
- Fusiones génicas.
- Otras alteraciones con posible relevancia clínica.
Después de preparar las librerías y realizar la secuenciación, comienza una fase decisiva: el análisis bioinformático.
Los programas deben distinguir las variantes reales del ruido técnico generado durante la extracción, la amplificación y la propia secuenciación. Para reducir los errores pueden emplearse identificadores moleculares únicos, conocidos como UMI, que ayudan a reconocer qué lecturas proceden originalmente de la misma molécula.
Por tanto, la secuenciación no termina cuando el equipo produce los datos. Todavía hay que filtrarlos, comprobar su calidad, interpretar las variantes y valorar su utilidad clínica.
¿Para qué puede utilizarse la biopsia líquida?
Una de sus aplicaciones más consolidadas es la identificación de alteraciones moleculares que pueden orientar la selección de determinados tratamientos.
Algunos fármacos dirigidos solamente son útiles cuando el tumor presenta una mutación o característica genética específica. En estos casos, la detección de la alteración puede ayudar a elegir la terapia más adecuada. La FDA mantiene una relación actualizada de pruebas diagnósticas complementarias autorizadas para orientar tratamientos concretos. FDA: pruebas diagnósticas complementarias autorizadas
La biopsia líquida también puede utilizarse para estudiar:
La heterogeneidad tumoral
Un tumor no siempre está formado por una población idéntica de células. Distintas zonas pueden contener alteraciones diferentes.
Una biopsia de tejido representa principalmente el fragmento obtenido en una localización concreta. El ADN circulante puede recoger material procedente de diversas lesiones, aunque esta representación tampoco es perfecta.
La respuesta al tratamiento
La cantidad de ADN tumoral puede cambiar durante la evolución de la enfermedad. Su seguimiento puede aportar información sobre la respuesta al tratamiento, siempre dentro de protocolos validados y junto con otras pruebas clínicas.
Los mecanismos de resistencia
Los tumores pueden adquirir nuevas alteraciones genéticas que les permitan escapar de un tratamiento. Analizar el ADN circulante puede ayudar a identificar algunos de estos mecanismos sin necesidad de realizar biopsias repetidas de tejido.
La enfermedad mínima residual
Después de una cirugía o un tratamiento, pueden permanecer cantidades muy pequeñas de enfermedad que todavía no sean visibles mediante técnicas de imagen.
La detección de ADN tumoral podría ayudar a identificar esta enfermedad mínima residual y estimar el riesgo de recaída. Es una de las áreas con mayor actividad investigadora, aunque su aplicación depende del tipo de cáncer, de la prueba y de la evidencia disponible.
En mayo de 2026, la FDA autorizó una prueba de ctDNA como diagnóstico complementario para seleccionar a determinados pacientes con cáncer de vejiga músculo-invasivo después de la cirugía. Este avance muestra cómo la enfermedad molecular residual empieza a incorporarse a decisiones clínicas específicas, pero no significa que pueda utilizarse de la misma forma en todos los tumores. FDA: autorización vinculada a ctDNA en cáncer de vejiga
¿Puede sustituir a la biopsia de tejido?
Por ahora, no de forma general.
La biopsia de tejido permite observar la arquitectura, la morfología celular y la relación del tumor con su entorno. También posibilita realizar técnicas histológicas, inmunohistoquímicas y moleculares sobre una muestra localizada.
La biopsia líquida ofrece otra clase de información: una visión molecular obtenida de componentes liberados a los líquidos corporales.
Ambas técnicas pueden complementarse.
La Sociedad Europea de Oncología Médica considera que los ensayos de ctDNA pueden utilizarse en distintos escenarios clínicos, especialmente para identificar alteraciones accionables, pero advierte de que un resultado negativo puede requerir un análisis del tejido cuando sea posible. Recomendaciones de ESMO sobre ctDNA
Un resultado negativo en sangre puede producirse porque:
- El tumor libera poco ADN.
- La enfermedad está localizada.
- La concentración está por debajo del límite de detección.
- La muestra no se ha conservado correctamente.
- El tratamiento ha reducido temporalmente la cantidad de ctDNA.
- La alteración no está incluida en el panel utilizado.
Por ello, “no detectado” no siempre equivale a “no presente”.
El riesgo de encontrar una mutación que no procede del tumor
Existe otra dificultad importante: no todas las variantes detectadas en el plasma proceden necesariamente del cáncer.
Con la edad, algunas células de la médula ósea pueden adquirir mutaciones y formar poblaciones clonales. Este fenómeno se conoce como hematopoyesis clonal.
El ADN liberado por estas células puede aparecer en el plasma y confundirse con ADN tumoral. Algunas mutaciones relacionadas con la hematopoyesis clonal afectan a genes que también se estudian en oncología.
Para reducir este riesgo pueden analizarse en paralelo los leucocitos del paciente. De esta forma es posible valorar si una variante detectada en el plasma procede de las células sanguíneas o si es más compatible con el tumor.
Este ejemplo demuestra que obtener una secuencia genética no es suficiente. El resultado necesita contexto biológico, controles adecuados e interpretación profesional.
Imagen 2. Creada por MyWorldLab.
El futuro circula por la sangre, pero debe interpretarse con prudencia
La biopsia líquida reúne muchas de las características que buscamos en la medicina de precisión: es poco invasiva, puede repetirse y permite obtener información molecular del tumor.
Sin embargo, no es una prueba mágica ni universal. Su utilidad depende del tipo de cáncer, el estadio, la cantidad de ADN liberado, la tecnología empleada y la pregunta clínica. También requiere protocolos preanalíticos estrictos, métodos validados y una interpretación conjunta entre profesionales del laboratorio, anatomía patológica, oncología, genética y bioinformática.
Tal vez lo más fascinante sea que una muestra aparentemente sencilla pueda contener una cantidad enorme de información. En unos mililitros de plasma pueden esconderse fragmentos capaces de contar cómo evoluciona un tumor, si ha desarrollado resistencia o si permanece una señal molecular después del tratamiento.
Pero para escuchar correctamente esa información necesitamos algo más que tecnología: una muestra bien procesada, profesionales cualificados y prudencia científica ; porque en el laboratorio, incluso la medicina más avanzada comienza siempre por lo mismo: hacer bien cada paso.
Podéis leer muchos más artículos de Cristina Aranda Sánchez aquí o ver el glosario de enfermedades para seguir aprendiendo.
Webgrafía
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Artículo editado por Ana María Morón Usero, creadora de Ammu Neuroscience and Biology.
Más sobre las autoras:
Me presento soy Cristina Aranda Sánchez, maestra de los misterios celulares y exploradora de los infinitos microcosmos del laboratorio como Técnico Superior en Laboratorio Clínico, Anatomía Patológica y el noble arte de los Cultivos Celulares. Divulgadora con el proyecto Myworldlab en Twitter o X, instagram y LinkedIn.
Ha colaborado con el proyecto de Ammu Neuroscience and Biology, proyecto que intenta acercar la ciencia a la gente. Os animamos a leer otros post, donde aprenderéis mucho sobre la ciencia, tenéis más artículos de científicas Y MUCHOS OTROS TEMAS escritos por Cristina (enlace aquí).
Que la ciencia y la fuerza os acompañe.


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