Buenas ammucurios@s, comenzamos este blog, para analizar nuestro cerebro desde la genética y epigenética (podéis mirar este glosario relacionado).

Imagen 1. Genética, epigenética y neurociencia. Imagen creada por Ammu en Canva.
¿Por qué dos personas pueden ser tan diferentes si comparten muchos genes?
Los seres humanos compartimos genéticamente, hasta el 99% del ADN con los chimpancés (podéis aprender sobre ellos aquí), nuestros parientes simios más cercanos. Por otro lado, entre nosotros realmente, hay pocas diferencias en el genoma, y no obstante, no nos parecemos entre sí.
Durante años, se pensó que nuestros genes eran una especie de «manual de instrucciones» inmutable que determinaba quiénes seríamos. Sin embargo, la neurociencia moderna ha demostrado que la historia es mucho más compleja de lo que pensábamos.
Nuestros genes, son como un libro de instrucciones para construir el lego que queramos. Estos genes, por tanto, son los que proporcionan las bases para construir cualquier estructura a nivel celular, de tejidos y de órganos.
Nos centramos en el órgano del cerebro, en el cual, el ambiente, las experiencias, la alimentación, el estrés e incluso nuestras relaciones sociales pueden modificar cómo se utilizan esos genes. Aquí es donde entran en juego la genética y la epigenética.

Imagen 2. Genética y epigenética, las claves de que seamos diferentes. Imagen creada por Ammu en Canva.
La genética: el plano de construcción del cerebro
La genética es la parte de la biología que estudia la información heredada, que se encuentra en nuestro ADN.
Los genes contienen instrucciones para fabricar proteínas esenciales en el desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso. Gracias a ellos se forman las neuronas, se establecen conexiones cerebrales (sinapsis) y se regulan procesos como la memoria, el aprendizaje o las emociones.
Algunas variaciones genéticas pueden aumentar la probabilidad de desarrollar trastornos neurológicos o psiquiátricos, como:
- Enfermedad de Alzheimer (tenemos video)
- Enfermedad de Parkinson (tenemos blogs)
- Esquizofrenia (tenemos blogs)
- Trastorno por déficit de atención e hiperactividad
- Se sospecha que el autismo, también (tenemos blogs)
- Mirar el glosario de neurociencia para aprender más.
Sin embargo, tener determinados genes no significa necesariamente desarrollar estas condiciones, depende del ambiente, o la epigenética.

Imagen 3. Arquitectos en el cerebro, con el ADN de planos. Imagen creada por Ammu en Canva.
La epigenética: el interruptor que regula los genes
La epigenética estudia los mecanismos que activan o desactivan genes sin modificar la secuencia del ADN.
Utilicemos una analogía para comprender la epigenética, imaginemos que el ADN es un piano. Los genes serían las teclas, pero la epigenética sería el pianista que decide cuáles tocar y cuáles mantener en silencio.
Estos cambios pueden producirse por múltiples factores:
- Estrés
- Alimentación
- Sueño (tenemos blog sobre esto con Paleosanji)
- Ejercicio físico
- Exposición a contaminantes
- Experiencias tempranas de la infancia
- Aprendizaje (tenemos blog de María Montessori)
Es decir, nuestro estilo de vida puede influir en la expresión genética de nuestras células, incluyendo las neuronas o los astrocitos o cualquier célula de las que compone el cerebro. Por tanto, el cerebro cambia.

Imagen 4. Epigenética y genética, un padre lleva gafas y otro no, por tanto, tienes 50% de probabilidad de tener una u otra, depende de tu genética y epigenética. Imagen creada por Ammu en Canva.
El cerebro cambia más de lo que imaginamos
En las últimas décadas, uno de los hallazgos más sorprendentes es que las experiencias pueden dejar una «huella molecular» en el cerebro. Por ejemplo, estudios en animales han mostrado que las crías que reciben más cuidados maternos presentan modificaciones epigenéticas asociadas a una mejor regulación del estrés durante la vida adulta.
En humanos, por ejemplo, se ha observado que las experiencias traumáticas, la pobreza extrema o el estrés crónico también se han relacionado con cambios epigenéticos que afectan a circuitos cerebrales implicados en las emociones y la memoria.
Entonces, ¿podemos heredar experiencias?
Esta es una de las preguntas más fascinantes de la epigenética.
Algunas investigaciones sugieren que ciertos cambios epigenéticos podrían transmitirse, parcialmente, entre generaciones.
Por ejemplo, descendientes de personas que vivieron hambrunas, guerras o situaciones de estrés extremo parecen mostrar alteraciones biológicas relacionadas con esas experiencias.
Aunque este campo sigue siendo objeto de debate científico, plantea una idea revolucionaria: parte de la historia de nuestros antepasados podría influir en nuestra biología, y por ende, en nuestra genética. No es tan raro, una persona con problemas de nutrición no es igual, que una que ha tenido todos los nutrientes correctamente.

Imagen 5. La influencia de las experiencias. Imagen creada por Ammu en Canva.
Neuroplasticidad: cuando el ambiente moldea el cerebro
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse. Ya hablamos de ella en este otro artículo y en como se ve en la vida, o la plasticidad del cerebro.
Os recuerdo que, cada vez que aprendemos algo nuevo, practicamos una habilidad o vivimos una experiencia significativa, se modifican conexiones neuronales. Si repetimos una acción como conducir, montar en bici, escribir, leer, etc, lo que sea, las conexiones neuronales se fortalecen.
La genética proporciona el potencial, pero la experiencia ayuda a decidir cómo se desarrolla ese potencial.
Por eso actividades como:
- Leer: implica usar vocabulario, sintaxis, imaginación, etc.
- Aprender idiomas: generando nuevas conexiones y aumentando el vocabulario, aumentando tu capacidad de escucha, etc.
- Hacer ejercicio: realizar actividad ayuda en la memoria muscular, reduce los radicales libres (tenéis un artículo sobre ellos).
- Mantener relaciones sociales saludables: relaciones felices liberan la serotonina, dopamina, oxitocina, etc; recordar que los humanos somos sociables.
- Dormir adecuadamente: esencial para tener un cerebro que guarde adecuadamente la memoria de cada día, y descanse; así como el cuerpo. Etc
Por tanto, pueden influir positivamente en el funcionamiento cerebral a lo largo de la vida, qué es lo que hacemos.

Imagen 6. Neuroplasticidad, conexiones que son el reflejo de la genética y epigenética.
Entonces, ¿genes o ambiente?
Supongo que a estas alturas ya lo sabéis, la respuesta es: ambos.
Los genes establecen unas bases biológicas, aunque el ambiente influye, constantemente, en cómo esas bases se expresan.
La neurociencia actual, ya no habla de una lucha entre naturaleza y crianza, sino de una conversación continua entre genética, epigenética y experiencia. Finalmente, como resultado, nuestro cerebro es esa interacción permanente.
Conclusión
La genética no es una sentencia. Aunque heredamos predisposiciones biológicas, nuestras experiencias y hábitos pueden influir, profundamente, en cómo funciona nuestro cerebro.
Comprender la epigenética nos ayuda a entender algo fundamental: el cerebro no es un órgano estático, sino una estructura dinámica que responde continuamente al mundo que nos rodea.
No heredamos un destino, heredamos posibilidades, úsalas bien, como diría Dumbledore.
Bibliografía
Meaney, Michael J. (2010). Epigenetics and the biological definition of gene × environment interactions. Child Development, 81(1), 41–79. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2009.01381.x
Szyf, Moshe, McGowan, Patrick, & Meaney, Michael J. (2008). The social environment and the epigenome. Environmental and Molecular Mutagenesis, 49(1), 46–60. https://doi.org/10.1002/em.20357
Bird, Adrian (2007). Perceptions of epigenetics. Nature, 447(7143), 396–398. https://doi.org/10.1038/nature05913
Sweatt, J. David (2013). The emerging field of neuroepigenetics. Neuron, 80(3), 624–632. https://doi.org/10.1016/j.neuron.2013.10.023
Nestler, Eric J., Peña, Cynthia J., Kundakovic, Marija, Mitchell, Alicia, & Akbarian, Schahram (2016). Epigenetic basis of mental illness. The Neuroscientist, 22(5), 447–463. https://doi.org/10.1177/1073858415608147
Zannas, Anthony S., & West, Amy E. (2014). Epigenetics and the regulation of stress vulnerability and resilience. Neuroscience, 264, 157–170. https://doi.org/10.1016/j.neuroscience.2013.12.003
Ladd-Acosta, Christine, & Fallin, M. Daniele (2016). The role of epigenetics in genetic and environmental epidemiology. Epigenomics, 8(2), 271–283. https://doi.org/10.2217/epi.15.102
Champagne, Frances A. (2010). Early adversity and developmental outcomes: Interaction between genetics, epigenetics, and social experiences across the life span. Perspectives on Psychological Science, 5(5), 564–574. https://doi.org/10.1177/1745691610383494
Artículo editado por Ana María Morón Usero, Ammu.


Deja un comentario